cristo con faroles 23

 

Jesús, María y José


Resumen histórico de la Venerable, Real, Muy Antigua y Sacramental Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, María Santísima del Mayor Dolor y San Juan Evangelista, establecida canónicamente en la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena de Villamanrique de la Condesa (Sevilla).-

“Bendita sea la luz
y la Santa Vera Cruz
y el Señor de la Verdad
y la Santa Trinidad”.


La antigua villa de Mures (Villamanrique) fue evangelizada y ganada para la fe desde los primeros tiempos del Cristianismo. En el castillo llamado de “Tyle”, situado en su término municipal y según se cuenta en el “Martirologio y Lecciones sevillanas”, fue martirizado San Florencio en el año 116 de la Era Cristiana.

Después de la conquista musulmana la villa de Mures fue de nuevo ganada para la fe cristiana, según consta en los archivos del Palacio de Villamanrique, por el rey Alfonso X, el Sabio y otorgada en escritura pública de 10 de junio de 1253 a la Orden de Santiago, en agradecimiento a las hazañas llevadas a cabo por el maestre Pelay Correa.

La fe y devoción de los habitantes de Mures erigieron una primera iglesia parroquial dedicada a Santa María Magdalena, en la que daban culto a las dos primeras devociones que se habían entronizado en el corazón de los manriqueños, el Rocío y la Santa Vera Cruz.

Muy pronto bajo la advocación de la Santa y Vera Cruz se constituyó en la antigua villa de Mures una primitiva Hermandad de penitencia, consecución de la de la tradicional agrupación de devotos que, por más de cinco centurias ha mantenido siempre viva esta devoción entre todos los manriqueños.

Existen noticias concretas de la existencia de una Hermandad y Cofradía de la Santa Vera Cruz establecida en esta parroquia de Santa María Magdalena en la villa de Mures desde los albores del siglo XIV, pero será a partir del “año del Señor de 1487 cuando aparece ya constituida la Cofradía y Hermandad de la Santa Vera Cruz y María Santísima del Mayor Dolor”.

La finalidad primordial de esta Venerable y Muy Antigua  Cofradía, desde el instante mismo de su fundación, y según se recoge en sus primitivos Estatutos, fue la de “asistir espiritualmente a sus hermanos enfermos, ayudando a bien morir a los moribundos y dar cristiana sepultura a sus difuntos”.

Hacia el año 1560 se inicia un progresivo éxodo de los primitivos moradores de la villa de Mures hacia su actual emplazamiento. Por estos mismos años se estaba edificando en aquel lugar un convento de frailes franciscanos, el Convento de Santa María de Gracia. Y como ocurrió en otros muchos lugares “la influencia de los frailes y las fraternidades franciscanas seglares para dar culto a los misterios de la Sagrada Pasión de Cristo se dejó sentir profundamente entre los manriqueños y su Hermandad de la Santa Vera Cruz”.

Esta relación de la Hermandad de la Santa Vera Cruz de Villamanrique con el convento franciscano de Santa María de Gracia se hizo mucho más estrecha entre los años 1733 a 1883 en que se estableció en dicho cenobio la Venerable Orden Tercera de San Francisco. Todavía hoy se conservan en los archivos parroquiales once voluminosos legajos de la citada orden en los que aparecen inscritos muchos hermanos de la Hermandad de la Santa Vera Cruz, que muestran su deseo de ser enterrados con los hábitos del seráfico padre San Francisco de Asís.

Este convento manriqueño de frailes franciscanos se convirtió en centro espiritual de toda la comarca, al que confluían no sólo los vecinos de la villa, sino de todos los pueblos circundantes: Pilas, Aznalcázar, Benacazón, Bollullos de la Mitación, ect.

La relación de la Hermandad de la Santa Vera Cruz con el convento franciscano de Santa María de Gracia se hizo aún mucho más estrecha entre los años 1800 a 1863 en los que la Hermandad estableció en él su sede canónica, mientras duraron las obras del nuevo templo parroquial.

En el año de 1577 la Hermandad de la Santa Vera Cruz aparece establecida ya en la nueva Parroquia que, como la anterior,  también estaba dedicada a Santa María Magdalena y en la que contaba con capilla propia. En este mismo año se produce el cambio de nombre de la antigua villa de Mures por el actual de Villamanrique, en agradecimiento a don Álvaro Manrique de Zúñiga, primer marqués de Villamanrique.

Doña Teresa Enríquez, hermana de la primera marquesa de Villamanrique, doña Blanca Enríquez, fue gran devota del culto a la Sagrada Eucaristía por lo que fue apodada cariñosamente como “la Loca del Sacramento”. Y fue Doña Teresa Enríquez quién fundó en este mismo año de 1577, en la iglesia parroquial de Santa María Magdalena de Villamanrique, la Hermandad del Santísimo Sacramento. Años más tarde esta Hermandad del Santísimo Sacramento se fusionó con la Hermandad de la Santa Vera Cruz, ejerciendo desde estos mismos instantes la función de Hermandad Sacramental.

La Primitiva y Antigua Hermandad de la Santa Vera Cruz contó casi desde el siglo XVI con un Hospital de Sangre propio en la villa, “con una o dos salas y diez o quince camas con su pobre ropa” y un cementerio. En este Hospital” se atendía a los cofrades pobres en atención a su comida y vestido, pero sobre todo en los casos de enfermedad, muerte y enterramiento”.

Desde el año 1609 aparecen noticias en los Libros Parroquiales de “las misas que, por las almas sus hermanos difuntos, ofrecían los cofrades de la Santa Vera Cruz a sus venerados Titulares en el altar de la Capilla propia de la Hermandad en la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena”.

Un siglo y medio más tarde, en 1755, la Hermandad de la Santa Vera Cruz de Villamanrique celebra cabildo de oficiales en el que se toman una serie de acuerdos importantes entre los que destacan “la renovación y modernización de las antiguas estructuras de la vetusta corporación y una serie de medidas para regir la nueva vida de la Hermandad”.

A partir de estas fechas la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Villamanrique conoce una gran época de esplendor tanto, religioso como institucional. En el año 1782, según se recoge en los libros parroquiales, la Hermandad contaba con un riquísimo patrimonio formado por una serie de fincas y capellanías donadas por las últimas voluntades de muchos miembros de la Hermandad, “deseosos de que se les digan misas por sus almas y donde dejan legados a dicha Hermandad”.

Destacaba asimismo el celo que todos sus cofrades ponían en la práctica de la función principal para la que fue creada esta Cofradía y que seguía siendo el asistir espiritualmente a sus hermanos enfermos y enterrar cristianamente a sus difuntos, celebrando solemnes exequias por el eterno descanso de sus almas.

El 19 de abril de 1799, el Cabildo de la Hermandad,  ratifica los mencionados acuerdos de 1755 y decide elaborar unas nuevas Reglas. Se trata de una de las joyas más preciadas de la Hermandad y modelo para todas las hermandades de la época. Se titula “REGLA PARA LA MEJOR CONSERVACIÓN Y GOBIERNO DE LA HERMANDAD DE LA SANTA VERA CRUZ Y NUESTRA SEÑORA DEL MAYOR  DOLOR DE ESTA VILLA DE VILLAMANRIQUE. AÑO 1799”.

Estas Reglas están recogidas en un precioso opúsculo compuesto de dieciséis páginas de 29 x 20 cm. sin numerar y agrupadas perfectamente para evitar roces y deterioros. Consta de veinticuatro capítulos, más una introducción inicial y la firma y certificación oficial de “Sr. D. Antonio de Ortega y Toledo, Cura Párroco de si Iglesia Parroquial, Sebastián Ponze, Mayordomo, Josef Diaz y Baltasar Dominguez, Alcaldes, Pedro Solis Vejarano, Franc. Sanchez, Diego Bernal y Alonso Flor, Diputados ante mi su Escribano”.

Las Reglas de 1799 están escritas según el modelo de letra de tales documentos del siglo XVIII y están signadas sobre unos folios timbrados y sellados con la siguiente leyenda: “Carolus D. G. Hispaniarum rex. Sello quarto, quarenta Maravedís. Año de mil setecientos noventa y nueve”. Fueron aprobadas, según se recoge en el apéndice final, “por el Sr. Vicario de la villa de Villanueva del Ariscal a que corresponde este pueblo”.

Desde su fundación la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Villamanrique efectuaba su salida procesional y estación de penitencia en la madrugada del Jueves Santo para ganar todas las indulgencias de los dos días santos concedidas por el Papa Paulo III en la  carta “Vivae Vocis Oráculo“, y en la que textualmente se decía que “haciendo dicha procesión cada año en la noche del Jueves Santo, no tienen que esperar la llegada del Viernes de la Cruz, para usar, disfrutar y gozar, en semejantes casos, de las indulgencias, gracias, concesiones e indultos, antes dichos”.

En esta estación penitencial de la madrugada del Jueves Santo tenían la obligación de asistir todos los hermanos de la Cofradía, acompañando a sus venerados Titulares de dos formas, como hermanos de luz o “luminaria” y los disciplinantes. Estos últimos fueron suprimidos por una Real Orden del rey Carlos III en 1777.

Entre los solemnes cultos que, a lo largo del año y tradicionalmente, celebraba esta Hermandad destacaban sobremanera la estación penitencial y Procesión de sus Titulares en la madrugada del Jueves Santo y dos grandes Festividades, la del día de la Santa Cruz y el 8 de diciembre, Festividad de la Inmaculada Concepción. Además quedaban recogidas en Regla “otras dos Funciones religiosas, una el domingo de Lázaro, tras la misa mayor, y otra el Viernes de Dolores, Festividad de la Santísima Virgen del Mayor Dolor”.

Los actos de cultos de la Cofradía se completaban con una solemne “Novena de la Sangre” al Santísimo Cristo de la Vera Cruz en la cuaresma y un solemne “Septenario a la Santísima Virgen del Mayor Dolor” en los días previos a su festividad.

Entre los cofrades de la Venerable, Real, Muy Antigua y Sacramental Hermandad y Cofradía del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, María Santísima del Mayor Dolor y San Juan Evangelista de Villamanrique de la Condesa imperó siempre la más apreciada virtud de la caridad cristiana, puesta de manifiesto en todos los momentos de la vida cotidiana de sus hermanos. Tales actos de caridad consistían esencialmente en “la ayuda material y el auxilio espiritual la a los cofrades enfermos, visitándolos y acompañándolos a recibir los Sacramentos de la confesión y eucaristía  y prestando asistencia sanitaria en el pequeño hospital que la Hermandad poseía”.

Al iniciarse el siglo XIX la Hermandad de la Santa Vera Cruz mantenía viva la importancia y pujanza que siempre tuvo entre los manriqueños. El 22 de noviembre de 1801 la Hermandad levanta públicamente su voz para evitar que una hermana, María Ximénez, sea sepultada en el cementerio público y no en el de la parroquia donde definitivamente lo fue. Pero lo acontecimientos de la guerra de independencia y la desamortización de los bienes de la iglesia "por tener el gobierno secuestrado todos los tributos que disfrutaba", hicieron profunda mella en la fe de sus cofrades y la corporación cayó en un período de tibieza y decadencia.

Una nueva y esperanzadora etapa de esplendor se inicia a partir del año 1845 en que la Hermandad de la Santa Vera Cruz se reorganiza con renovadas esperanzas y felices resultados. El número de hermanos y cofrades se ve incrementado considerablemente, los cultos resultan cada año más numerosos y solemnes y en este mismo año de 1845 se redactan unas nuevas Reglas en las que se modifican y amplían algunos artículos de los anteriores Estatutos. Finalmente se renuevan e incrementan muchos de los enseres de la Hermandad, entre estos en 1850 se encarga al tallista y escultor, don Gabriel Astorga, un nuevo paso para la imagen de Nuestra Señora del Mayor Dolor con “un cielo o techo de palio en damasco color lirio con caídas en tela con flecos de seda dorada”. También se renueva el manto de salida de la citada imagen.

En 1863 se bendice e inaugura la nueva Parroquia de Santa María Magdalena. Para este feliz acontecimiento las Sagradas Imágenes del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, María Santísima del Mayor Dolor y San Juan Evangelista son trasladados solemnemente desde la iglesia del convento de Santa María de Gracia, donde habían permanecido recibiendo culto mientras duraron las obras, hasta su nueva Capilla Sacramental de la Parroquia y entronizados en un nuevo altar realizado por don Gabriel de Astorga.

Este período de esplendor empieza a declinar hacia el año 1868, con motivo de la revolución de septiembre llamada la “Gloriosa” y la gran inestabilidad política por la que atraviesa España en estas fechas. Estos acontecimientos políticos repercuten en la vida cotidiana de los manriqueños y de su Hermandad de la Santa Vera Cruz. Se abandonan los precisos libros de actas y de cuentas no se anotan como antes, aunque sabemos que se siguieron celebrando solemnes cultos a las Sagradas Imágenes de sus Titulares.

Pero de nuevo la ilusión de los hermanos y cofrades de la Santa Vera Cruz y la devoción y respeto de los manriqueños por sus tradiciones y costumbres religiosas, hacen resurgir, una vez más, la antigua devoción por la Pasión y muerte de Cristo, plasmadas en sus hermandades y cofradías. El día 6 de abril de 1913 se produce el histórico acuerdo de la fusión de las dos corporaciones penitenciales de la Semana Santa de Villamanrique, la Hermandad de la Santa Vera Cruz y la del Santo Entierro. En esta trascendental fusión tuvo un papel preponderante el joven párroco, don Manuel Fernández Santiago, que es quién promueve y aprueba los nuevos Estatutos. La nueva corporación fusionada pasará a denominarse desde estos momentos como Hermandad y Cofradía de nazarenos del Santísimo Cristo de Vera Cruz y María Santísima de la Soledad. En esta nueva nomenclatura desaparecen pues los nombres de los otros dos Titulares de las respectivas cofradías, la Santísima Virgen del Mayor Dolor y el Santísimo Cristo del Santo Entierro.

La Hermandad del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad de Villamanrique de la Condesa había sido fundada a finales del siglo XV, tenía establecida la sede canónica en su Capilla propia, llamada de la Soledad, que estaba situada en la antigua plaza del Cabildo de la villa. Contaba además con un pequeño cementerio y ya desde “el año 1600 se encuentran partidas en las que se consigna la voluntad de sus hermanos de ser enterrados en la capilla de su Titular”.

Para el regimiento y gobierno de la fusionada y nueva Corporación se redactaron unos nuevos Estatutos titulados, “Reglamento de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de Veracruz y María Santísima en su Soledad, establecida en la Iglesia parroquial de Santa María Magdalena de Villamanrique. Año 1913”.

El presente Estatuto se recogen los siguientes mandatos: dar culto a sus Sagradas Imágenes, procurar el bien espiritual de sus miembros y practicar la obra de misericordia de enterrar a sus hermanos difuntos y enviar sufragios por sus almas; celebrará dos procesiones de penitencia el Jueves y Viernes Santos; asistir con insignias a la Función y Procesión del Santísimo Corpus Christi y a las del patrono de la villa San Roque y que la Junta Directiva de la Hermandad estará compuesta por: el Hermano Mayor, dos Conciliarios, el Tesorero, dos Secretarios y cinco Vocales.

Así permanecieron las cosas hasta que nuevo los acontecimientos sociales y políticos acaecidos en España en la década de los años treinta, con la proclamación de la II República y la guerra civil española, hicieron tambalear y zozobrar las costumbres y creencias religiosas de los manriqueños. En estos tristes años “enmudecieron las saetas manriqueñas y las calles de la villa permanecieron tristes durante algunos años sin presenciar cada primavera el paso de las sagradas imágenes de sus Titulares”.

Todo quedó sumido en profundo sopor del que sólo se despertará con la llegada de un nuevo párroco a la villa, don José Delgado Lozano. Este animoso párroco, con gran denuedo e ímprobos esfuerzos, reorganizó de nuevo en el año 1953 la tradición cofradiera de Villamanrique, sacando a la calle en estación de penitencia a las dos  antiguas cofradías el Jueves y Viernes Santo.

Pero la gran novedad introducida por el citado párroco en la Semana Santa de Villamanrique fue la escenificación del Descendimiento de Cristo de la cruz en el sermón de las siete palabras. La representación se realizó en el presbiterio de la iglesia parroquial en la que la imagen articulada del Santísimo del Santo Sepulcro era descendida de la cruz por los dos santos varones, José de Arimatea y Nicodemos, encarnados por dos hermanos de la Hermandad, mientras el párroco desde el púlpito glosaba y comentaba el sermón de las siete palabras.

El inquieto párroco organizó asimismo la Resurrección de Jesucristo. El domingo de resurrección muy temprano salió de la iglesia parroquial la imagen de su titular, Santa María Magdalena que, presurosa y portada en un pequeño paso, era conducida con gran celeridad hasta el convento de Santa María de Gracia, donde se suponía estaba el santo sepulcro. Al llegar a la plaza del convento y no ver a nadie el paso daba varias vueltas hasta que por fin por la puerta del convento aparecía la imagen del Resucitado, que era el Niño Jesús de San José. Después del feliz encuentro se iniciaba la procesión por las calles del pueblo.

A mediados de la década de los años sesenta, después del Concilio Vaticano II y a raíz de los profundos cambios habidos en la religiosidad popular, se produce un nuevo período de tibieza espiritual que desemboca en la práctica desaparición de la antigua Cofradía, manteniéndose sólo el recuerdo cofrade con los actos de la Semana Santa y un solemne Viacrucis con el Santísimo Cristo de Vera Cruz por las calles de Villamanrique.

Pero de nuevo en 1980 resurge el fermento de la recuperación que los cofrades manriqueños llevaban en su interior en el deseo de volver a sus antiguas y tradicionales devociones pasionarias. El impulso definitivo se debe al párroco, don Francisco Muñiz Jiménez, quién con un grupo de animosos jóvenes, pone manos a la obra de la reorganización de la Cofradía de la Santa vera Cruz. En la primavera de 1981 organizaron un fervoroso Viacrucis con la imagen del Santísimo Cristo de la Vera Cruz. Pero será el 23 de febrero de 1983 cuando se nombra una nueva Junta de Gobierno rectora que con una primera cuadrilla de hermanos costaleros logra sacar de nuevo a la calle la Cofradía de la Santa Vera Cruz.

La nueva Junta de Gobierno tomó la decisión de alterar el día de salida de la Cofradía en procesión, pasándola de la madrugada del Jueves a la tarde del Viernes Santo. Se renovaron los enseres y poco a poco  se fueron enriqueciendo con otros nuevos como los nuevos varales de plata del paso de la Santísima Virgen del Mayor Dolor, realizados por el orfebre Manuel de los Ríos en 1988 y el paso del Santísimo Cristo de Vera Cruz en madera de caoba y cedro tallado por el ebanista Alonso Fuentes.

Se tienen noticias de que, al menos desde el siglo XVII, procesionaban en la Cofradía en la estación de penitencia en la madrugada del Jueves Santo una serie de personajes alegóricos, como la Fe, representada por una joven vestida de blanco y con los ojos tapados con una venda y la Verónica, representada por otra joven vestida de hebrea y que portaba en sus manos un lienzo con la Santa Faz impresa en él. Esta costumbre permaneció viva hasta la década de los años treinta.

Otro personaje entrañable en la historia de la Hermandad era el Muñidor, un hermano cofrade que avisaba con el toque de su campanilla tanto del fallecimiento de los hermanos como del cortejo procesional del Jueves Santo. 

Bajo las advocaciones del Santísimo Cristo de la Vera  Cruz y María Santísima del Mayor Dolor se constituyó desde finales del siglo XIV en la antigua villa de Mures (Villamanrique) una primitiva Hermandad y Cofradía de nazarenos que por más de seis siglos dio culto y mantuvo viva la devoción a sus excelsos titulares practicando los fines esenciales para los que fue creada, atender a sus cofrades enfermos, ayudándoles a bien morir y dándoles cristiana sepultura.

Esta primitiva Cofradía se reagrupó y constituyó en Hermandad desde el año 1472, en la que una serie de hermanos y hermanas legítimamente bautizados se comprometieron a cumplir unas primeras Reglas o Estatutos defendiendo el amor a la Pasión de Cristo, a los Dolores de su Santísima  Madre y a practicar la caridad cristiana.

Esta Venerable y Muy Antigua Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Santa Vera Cruz de Villamanrique se creó subordinada al Priorato de San Marcos de León al que pertenecía la villa desde su conquista por los caballeros de la Orden de Santiago

Sus Reglas del año 1799 fueron aprobadas por el Vicario de Villanueva del Ariscal (Sevilla). En 1845 se modificaron y elaboraron nuevas Reglas adaptándolas a las nuevas exigencias de los tiempos. En 1913 se aprobaron e imprimieron unos Estatutos aprobados por el párroco y Capellán de la Hermandad y Cofradía.

Desde muy antiguo esta Venerable Cofradía de la Santa Vera Cruz se fusionó con la antigua Cofradía del Santísimo Sacramento que fundara en la villa doña Blanca Enriquez, la “loca del Sacramento”, de la que heredó el culto y veneración al Santísimo Sacramento y ejerciendo desde entonces las funciones de Hermandad Sacramental.

Sin embargo otro de los logros más importantes de los últimos años es la aprobación de las nuevas Reglas en octubre de 2006 y que actualmente están vigentes, siendo  Hermano Mayor D. Francisco Urbina Garrido. Estas Reglas parten de la base de las Reglas antiguas de la Hermandad ya mencionadas anteriormente del año 1799, redactadas por el Fiscal D. José Muñoz Rodríguez y en la que hubo una estrecha colaboración del Secretario 1º D. Miguel Prieto Domínguez y del entonces Párroco de la localidad el Rvdo. D. Antonio Santos Moreno.
Es importante destacar que desde la aprobación de estas Reglas el nombramiento de Hermano Mayor y Junta de Gobierno se realiza democráticamente por todos los hermanos según se disponen en ellas cada cuatro años.
Actualmente hay que mencionar que las Imágenes del Cristo de la Vera-Cruz y  de la Virgen del Mayor Dolor están sufriendo una importante restauración llevada a cabo por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico.


Actualizado en Enero de 2012
Fuente: Archivo de la Hermandad